Sonrisa que con terquedad vagaba
intentando penetrar, sin éxito,
la ausencia.
Sonrisa, titán sin fuerzas, disminuído, vacilante.
Inaccesibles cumbres le rodean,
se interponen, valientes.
Es que desea derretir, ingenua, el blanco de la cima.
Rocas imposibles, majestad dormida.
Sonrisa hundida en el error de siempre.
Corpóreo, inexplorado.
Sonrisa volcada en bosques fantasiosos,
grises de sombras doloridas.
Verdor que apabulla,
tornando frágil su figura.
Aún así sonríe despertares,
mañanas de perdices de cuento.
Deja en el trayecto pedacitos de culpa,
como mendrugos de pan
por si la encuentran.
Camino pedregoso y complicado éste,
ánimo de desánimo curtido
-comenta la sonrisa-
Buscar otros senderos es exigencia.
Luz bonita.
Árboles floreados.
Color y humedad.
Alegría...
¿Cómo seduces si hay tormenta?
Sonrisa y hastío.
Caminar vacilante, anochece pronto.
Ciénagas fácilmente evadidas ayer mismo,
hoy devoran los tobillos.
Se extrañan los abrazos.
Sonrisa, olvido y persistencia,
reinventa el amor aunque sea teatro.
Pretende volver al ansiado mar adolescente.
El agua salada sana -feliz- el alma.
¿O es mas bien otro espejismo?
¿Es el oscuro cielo otro fantasma?
Sucesión de noches amedrentan
buenas intenciones, danzas y cantos,
ingenuas pretensiones...
Sonrisa que lo intenta más allá,
creyente,
persiguiendo el milagro de lo eterno.
Es un juego, todo o nada, a tiempo...
El corazón late y es otoño.
IngridYP ©

