Algunos pedazos de vida compartidos aqui...

Mi foto
Escritora aficionada y apasionada por los libros. Todos los poemas, cuentos, reflexiones -y la mayoría de las imágenes- son de mi autoría. Derechos reservados. Se prohibe su distribución, copia, o cualquier tipo de transmisión. ¡Disfruten la lectura!

PACIENTE ESPERA



Esperaba pacientemente en la esquina de la concurrida calle de su ciudad, el encuentro con el hombre ideal, ese amor que haría cambiar su vida sólo con su llegada, tal y como le había prometido una adivina que encontró a su paso a la salida del cine la tarde del sábado pasado.

La gitana le pidió que se sentara en el pequeño muro de una cafetería cercana y le permitiera predecir su futuro, por unas pocas monedas. La lectura de la mano derecha, líneas y montes, tradujeron para ella, en medio de risas, desconfianza y expectación,  un acontecimiento sencillo y a la vez bonito, de lo que sería el encuentro.

*Eres feliz y no eres, porque no quieres ver. Miras y no ves. Por eso, ¿observas aquella esquina? ¿la del puesto de chocolates? Pues, es allí donde uno de estos días se encontrarán, verás al amor definitivo que esperas, sin espejismos ni engaños. Te darás cuenta porque sentirás un pequeño dolor en tu corazón*

Cada tarde, desde hace una semana, antes de irse a casa, compra un chocolate en forma de corazón, y se para a comerlo con toda la paciencia del mundo en la ancha acera, en la esquina acordada.

La espera es agridulce. Sabe que es ingenuo pensar que de la nada aparece alguien y la vida cambia como en un cuento de hadas. Lo sabe, no se engaña; y al mismo tiempo, el anhelo de vivir algo especial, distinto a lo que es la diaria rutina, la mantiene en esa infantil espera.

Mientras tanto, cada noche, un fiel y dedicado compañero que ella pareciera soportar con cierta indiferencia,  espera su llegada a casa, ansioso y enamorado,  mientras ella pierde horas valiosas en la terca búsqueda de un amor de sueños.

Hoy parece ser el día.
Decidió seguir la ruta a casa al terminar su trabajo. *Ya no mas ideas ridículas de encuentros con príncipes azules*.

Al abrir la puerta del luminoso apartamento, su novio desde hace tres años le aguarda, cena preparada, sonrisa feliz...

Mirando alrededor, da un respingo, le invade un susto en el pecho. Unos chocolates en forma de corazón esparcidos sobre la mesa, ratificaron que la magia estaba mas cerca de lo que su egoísmo le permitía ver.

 IngridYPA
Derechos Reservados.©️

AZUL. MAS CIELO QUE COLOR



Llanto interno, catarata de llanto,
su mano en mi mano, sin adiós...
Sintiendo aún el abrazo, 
la genialidad,
la risa,
de ese hombre que apareció de pronto,
y tatuó la palabra amor sobre mis dudas.
 
Mas sin aviso, así sin mas,
se expandió, creció,
abrió alas al abismo
y triunfante, cada día terreno,
mora en la inmensidad del firmamento...

El negro se hace blanco,
el azul es mas cielo y no estás...

Recordarte, sana heridas,
en un hoy de incertidumbre,
en un aquí y ahora incierto.
No estás.
Aunque acaricie absorta cada objeto tuyo.
Aunque imagine una conversación cualquiera
y vea repetida, mil veces, tu mirada de amor.
 
El negro se hace blanco,
el azul es mas cielo, y no estás...

Eres el verdor que me rodea.
La fuente de la plaza.
el soneto incompleto que recito en las tardes.
Los zapatos deportivos sobre la alfombra gris.
Los anteojos puestos sobre un libro cualquiera.

¿Cómo retornar a lo que era?
Mas fácil es amar que estar perdida.

Amor de eternidades,
amor pleno de vacíos,
amor de besos anhelados.
Te amo amor.
Te extraño.

IngridYPA
Derechos Reservados ©️



ALBERTO Y MARTHA II


La pesada puerta de madera hace un ruido agudo al abrirse, enseña enseguida un pasillo grande con luminosos pisos de cerámica en un patrón de rombos grises en fondo blanco -importados de Italia, todo un lujo- que da paso a una hermosa y amplia sala, pisos viejos de madera , muebles grandes y pesados, escenario de reuniones con amigos al menos una vez por semana.  La decoración es utilitaria, cómodos sofás de tela cruda con muchos almohadones, mesas pequeñas por doquier, una alfombra beige oscuro de fibra natural. Alberto cuelga el abrigo en el armario que hace pocos días instaló en la entrada. Cada vez que abría la puerta se quedaba con el abrigo en la mano. Un día, se propuso ir a la tienda y sin ayuda, escogió algo simple, siete piezas de ensamble, dos puertas, un techo, un piso, dos anaqueles interiores y un tubo que armó sin problemas. Martha le dejó hacer, no quiso discusiones. Y ahora, ambas paredes del pasillo recrean la personalidad de cada uno: La de Alberto, el mueble prefabricado, y la de Martha, cuadros colgados a lo largo y ancho, de tamaños y materiales dispares.
Los amigos comentan que esa entrada a la casa es “muy ellos”, y así se cierra cualquier discrepancia.
Alberto hoy deja el maletín de cuero gastado en una silla y camina hacia la habitación con la intención de cambiarse de ropa. A su paso por la sala advierte la luz de las velas y se detiene curioso.
Adentrándose en el salón, observa a Martha dormida sobre la alfombra. El movimiento de las luces de las velas desperdigadas por todos lados, suavizan el rostro dulce e infantil de su esposa. Y repentinamente siente un escalofrío acompañado de un atisbo de ternura.
-Había olvidado lo bonita que es-
Duda si cargarla y llevarla a la cama. Temiendo despertarla, decide dejarla como está, y la arropa con una manta que encuentra en el sofá.
La mujer, al sentir el peso de la manta, despierta asustada.
-¿Estás bien?- Pregunta Alberto preocupado.
-Si, me quedé dormida-
-Es muy raro encontrarte así… (Pasándose la mano por el pelo, pensando si habrá olvidado de una fecha importante) ¿Qué día es hoy? ¿Por qué tantas velas? -
-Te esperaba-
Acercando su rostro al de ella, realmente preocupado, pregunta quedamente -¿Qué pasa Martha?-
-Bueno, es que quería hablarte. Nunca hay tiempo… -
-Estoy cansado, ha sido un día interminable… ¿Puede esperar a mañana? -
Totalmente espabilada, se levanta y camina por la terraza de un lado al otro,invadida de repente por la impaciencia, viendo a su marido plantarse con la cabeza gacha, mirándola de reojo. Es cuando Martha decide lanzarse al vacío, confesar sin adornos, y empieza a hablar un tanto atropellada...
-Debes suponer que esta atmósfera de velas encendidas… mira, tu pipa favorita en la mesita que te gusta, lista para encender ¿La viste? Mira, el cd de Frank Sinatra está en el equipo de música, muy bajita...Todo esto significa algo ¿No?
-Mira Martha -la ataja antes de que continúe- me cuesta descifrar tus simbologías en este momento. ¿Qué pasa? No me adornes el discurso.
-¿Por donde empiezo? … ¿Te puedes sentar en el sillón?… Es que… No podemos continuar así…
-¿Así cómo?-
-Así, así… cada quien por su lado, como si fuésemos extraños…
-¡Este “así” lo impusiste tu! ¡Pareces tener mala memoria para lo que te conviene querida amiga!. Tu dijiste aquel día de noviembre pasado, lo recuerdo perfectamente : “Mira Alberto (la imita en un tono ridiculizante) estoy un poco aburrida, no estoy satisfecha, son muchos años juntos pero te quiero. ¿Y si somos un matrimonio de esos que no tiene intimidad pero conviven y se entienden? Digamos que actuamos discretamente y salimos con otras personas de vez en cuando -sin faltarnos el respeto, claro- Y mientras decías esas locuras, no sabía donde esconderme, Martha, de tanto dolor y vergüenza que sentía en ese instante. Pero te dije: “Lo que tu quieras, yo siempre voy a estar aquí”.

Martha escucha y el peso de la culpa y esa vergüenza de que Alberto habla, se devuelve y la apunta certeramente, directa a su frente que empieza a doler: “¡Eres una loca, eres una egocéntrica, una  inmadura!”. Y continúa hablando, ya el torrente de improperios salió y la compuerta de la presa se ha roto:
-Ayer querías irte, o quedarte, o enamorarte de otro, o dedicarte a la siembra de vegetales, o actuar en el teatro, o convertirte en influencer... Hoy no quieres sino hablar de nosotros y pedirme una oportunidad ¡para ser feliz tú! ¿Te das cuenta? ¡Tú! Nunca se trata de mí, Alberto el comprensivo...

-No hables así, Alberto, se que tienes un amorío con una alumna de la universidad. ¡Y no quiero que esa infidelidad continúe! ¿Lo tienes claro? ¡Te quiero para mí,  como siempre!. En medio de la crisis de llanto, intenta explicar, reclamar, decidir, suplicar… ¿Cómo explicar que lo ama? Nunca se expresó de esta manera.  Pues hoy, ahora, el amor es la única salida posible.
 
-Esto me está matando. No quiero que estemos alejados. Quiero que me hables, que seas el de siempre, afectuoso, dulce, protector… Te extraño… Yo te quiero Alberto, ¡perdóname por favor!

Alberto, pálido, asombrado, triste, parpadea sin dar crédito a lo que oye e intenta examinar -desde su alma-  el alma de esa mujer que tiene enfrente, esa mujer que reclama, que le es desconocida, esa suplicante mujer con el maquillaje corrido, manchas negras y rojas en la cara, repentinamente envejecida que llora desconsolada. - Martha es feliz, es libre, es fuerte...-

-¡Dios! ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué hemos hecho de nuestras vidas para que todo se haya convertido en esta farsa? Una vulgaridad de relación, un matrimonio infeliz y ridículo… Soy un viejo verde patético. Así me haces sentir.

Alberto se sienta finalmente frente a Martha, la mira, toma sus manos con lástima, las acaricia tiernamente y se levanta,  figura encorvada, mientras ella llora quedamente.
 
Alberto, el mundo sobre los hombros, decide que es suficiente, que no quiere mas de esto, como se llame esto que pasa.

Martha, tirada de cualquier modo sobre la alfombra que compraran en uno de sus viajes felices, recibe la cruel bofetada del desamor...

Alberto entrecierra los ojos, camina por la plaza adornada de luces, y sueña que acaricia la tersa cara de su nuevo y secreto joven amor...




INGRIDYPA
Derechos Reservados ©️


CANSANCIO I


Ha cuidado cada detalle como nunca. Dispuso mentalmente un esquema y un plan de lo que iba a hacer y lo ha seguido. Ha colocado y encendido velas por todo el salón, en la mesa del comedor, en el piso haciendo un pequeño camino hacia la terraza... Las luces semejan luciérnagas que danzan hacia el pequeño jardín, transmitiéndole la calidez e intimidad que ella desea como aliados y telón de fondo para la  conversación que pretende tener con Alberto.
Ha imaginado posibles escenas. Puede que él se niegue a responder, asombrado ante tal decorado; o puede que la oiga y pida tiempo para pensar. O sencillamente la mire,  comprensivo y un tanto paternal, como siempre, y le diga *¿Nos damos una nueva oportunidad? ¿Es eso lo que quieres decir?* 
Es que está allí, sí, el amor está -repite Martha en voz alta- tratando de ignorar la catarata de angustiosas preguntas que le vienen a la mente y las dudas que aguijonean espacios vacíos en su cerebro agotado.
"No me hubiese preocupado, pero hoy me siento triste e insegura", se dice, mientras acomoda distraídamente unas flores en el jarrón gigante que está en la mesita china que él le regaló cuando cumplieron el quinto aniversario de bodas. 
A pesar de lo que ella haya pedido en algún momento, y que él ha cumplido a cabalidad para su desconcierto,  Martha fervientemente cree que están a tiempo de cambiar ese estado de cosas raras y difusas... Entendieron desde un inicio que eran una pareja un tanto dispareja, pero estaban seguros de su amor y persistencia. Triunfadores natos. Amantes a largo plazo, muy largo... 
Alberto es cariñoso, inteligente, apacible y al mismo tiempo firme en sus convicciones. A veces un poco indiferente. Enseguida corrige: Son los años los que han gastado la relación", "la intimidad se agota... La indiferencia... El cansancio"...
Revive la discusión del fin de semana y ese recuerdo parece ciertamente una nadería. Pero es que se ha convertido en costumbre: No estar de acuerdo, que él se siente a leer y ella a escribir la novela de siempre, reescrita constantemente, y que pareciera reafirmar que será un trabajo interminable. La sucesión de días estériles no es un buen augurio, aunque se empeñe en obviar el malestar. Algo falta, o algo sobra.
La rutina -se dice- 
Alberto sale a la universidad desde temprano y regresa cada día cansado y callado, cena y se tiende en el sofá, amontona los cojines, enciende la lámpara cercana y con especial dedicación lee el libro de turno. Ella acostumbra salir de la oficina e irse  a casa de su amiga Gracia, para hacer tiempo. Ahora no quiere seguir igual. Ha
 empezado a llegar temprano a casa, 
prepara la cena y lo espera, sentada en la alta banqueta de la cocina con una copa de vino en la mano, deseando que la vea al entrar y se alegre, que sus preguntas y preocupaciones sean respondidas. Que se acerque por la espalda y la abrace como cuando empezó su romance, entre libros y canciones románticas.

Hace unos meses, así de la nada, Martha decidió tener un romance con un amigo de la adolescencia luego de un encuentro casual. Dos veces se vieron, pero *esta no soy yo* la llevó a terminar lo que no empezó. Una infidelidad necesita muchas mas razones que el aburrimiento. Tal vez ninguna razón, pero en su caso, se sintió estúpida. Sin entender cómo, volvió los ojos a su matrimonio, y decidió que allí quería quedarse.
Alberto, por su parte, cuando ella en su discurso de hace unos meses habló de *cada uno por su lado*,  inteligente o tontamente, aceptó tranquilo, aparentemente, las nuevas reglas de juego. Y cada noche le da un beso en la frente y duerme aparentemente sin problema o confusión, a su lado, en la misma cama, roncando, sin apenas moverse.
Los desencuentros parecen venir mas por diferencias de criterio en cuestiones políticas, comentarios frívolos sobre amigos, la situación económica,  que por la intimidad. Eso se siente, se percibe, aunque no sean los amantes apasionados del pasado.
Martha sabe que es la responsable de que su matrimonio esté acabado. No es particularmente dada a la auto crítica. Pero le parece inútil ignorar estos meses tristes. Se siente insatisfecha y sola. 
Se pregunta hoy si le es posible vivir con ese dolor angustioso en el pecho, porque todo va cayendo solo, todo alrededor.  *Te estas haciendo vieja Martha*... Necesitas un cambio. Pero allí... Sin aventuras ni inventos desesperados.
Y pretende que el cambio lo produzca Alberto, que sea él quien introduzca la mano en su sombrero -como un mago- y le diga que él lo mejorará todo, reparará los daños, reconstruirá los muros y techos de su amor, que llenará de pasión los cuerpos que empiezan a envejecer  y *serán felices y comerán perdices*.

Se hizo tarde. Sin darse cuenta, va poco a poco inclinando el cuerpo hacia el sofá, y parece dormitar.
Ante sí, tomada por sensaciones y emociones que creía extraviadas en la memoria, ratifica que ama a Alberto. "Me moriría si lo pierdo". sonríe con ternura, la palabra amor vuelve a su vocabulario cotidiano, como si en este período de silencios y espaldas enfrentadas, nada hubiese sucedido. 

Empieza una voz  en su mente a interrogarla, como si de un juicio se tratase y ella, la indiciada.
¿Contribuyó el carácter suyo, voraz , egoísta, en esta infelicidad de hoy? ¿ Acaso no fué usted quien propuso poner fin al matrimonio? Responda si nó fué usted quien dijo: ¿Cada uno por su lado?
Sacudiendo la cabeza para negar y eliminar cualquier espíritu agorero, Martha se dedica a preparar todo para la cena de la reconciliación.
El pasado se borra. Hoy quiero un re-comenzar sin rencor ni fisuras.
Lleva puesta una bata china de seda azul, y decide no cambiarse.
Lo esperará en la terraza. Tiene que ser hoy... conversar y recomenzar...
-Ya veremos-



IngridYPA
Derechos Reservados ©️










ENTRADA DESTACADA

Toc, toc, toc