Ha
cuidado cada detalle como
nunca. Dispuso mentalmente un esquema y un plan de lo que iba a hacer
y lo ha seguido.
Ha colocado y
encendido velas
por todo el salón, en la mesa del
comedor,
en el piso haciendo un pequeño camino hacia la terraza... Las luces
semejan luciérnagas que danzan hacia el pequeño jardín,
transmitiéndole la calidez e intimidad que ella desea como aliados
y telón de fondo para la conversación que pretende tener con
Alberto.
Ha
imaginado posibles escenas. Puede que él se niegue a responder, asombrado ante tal decorado;
o puede que la oiga y pida tiempo para pensar. O sencillamente la
mire, comprensivo y un tanto paternal, como siempre, y le diga
*¿Nos damos una nueva oportunidad? ¿Es eso lo que quieres decir?*
Es que está allí, sí, el amor está -repite Martha en voz alta- tratando de ignorar la catarata de angustiosas preguntas que le vienen a la mente y las dudas que aguijonean espacios vacíos en su cerebro agotado.
"No me hubiese preocupado, pero hoy me siento triste e insegura", se dice, mientras acomoda distraídamente unas flores en el jarrón gigante que está en la mesita china que él le regaló cuando cumplieron el quinto aniversario de bodas.
A pesar de lo que ella haya pedido en algún momento, y que él ha cumplido a cabalidad para su desconcierto, Martha fervientemente cree que están a tiempo de cambiar ese estado de cosas raras y difusas... Entendieron desde un inicio que eran una pareja un tanto dispareja, pero estaban seguros de su amor y persistencia. Triunfadores natos. Amantes a largo plazo, muy largo...
Es que está allí, sí, el amor está -repite Martha en voz alta- tratando de ignorar la catarata de angustiosas preguntas que le vienen a la mente y las dudas que aguijonean espacios vacíos en su cerebro agotado.
"No me hubiese preocupado, pero hoy me siento triste e insegura", se dice, mientras acomoda distraídamente unas flores en el jarrón gigante que está en la mesita china que él le regaló cuando cumplieron el quinto aniversario de bodas.
A pesar de lo que ella haya pedido en algún momento, y que él ha cumplido a cabalidad para su desconcierto, Martha fervientemente cree que están a tiempo de cambiar ese estado de cosas raras y difusas... Entendieron desde un inicio que eran una pareja un tanto dispareja, pero estaban seguros de su amor y persistencia. Triunfadores natos. Amantes a largo plazo, muy largo...
Alberto es cariñoso, inteligente, apacible y al mismo tiempo firme en sus convicciones. A veces un poco indiferente. Enseguida corrige: Son los años los que han gastado la relación", "la intimidad se agota... La indiferencia... El cansancio"...
Revive la discusión del fin de semana y ese recuerdo parece ciertamente una nadería. Pero es que se ha convertido en costumbre: No estar de acuerdo, que él se siente
a leer y ella a escribir la novela de siempre, reescrita constantemente, y que pareciera reafirmar que será un trabajo interminable. La sucesión de días estériles no es un buen augurio, aunque se empeñe en obviar el malestar. Algo falta, o algo sobra.
La rutina -se dice-
La rutina -se dice-
Alberto sale a la universidad desde temprano y regresa cada día cansado y callado, cena y se tiende en el sofá, amontona los cojines, enciende la lámpara cercana y con especial dedicación lee el libro de turno. Ella acostumbra salir de la oficina e irse a casa de su amiga Gracia, para hacer tiempo. Ahora no quiere seguir igual. Ha
empezado a llegar temprano a casa, 
prepara la cena y lo espera, sentada en la alta banqueta de la cocina con una copa de vino en la mano, deseando que la vea al entrar y se alegre, que sus preguntas y preocupaciones sean respondidas. Que se acerque por la espalda y la abrace como cuando empezó su romance, entre libros y canciones románticas.
Hace unos meses, así de la nada, Martha decidió tener un romance con un amigo de la adolescencia luego de un encuentro casual. Dos veces se vieron, pero *esta no soy yo* la llevó a terminar lo que no empezó. Una infidelidad necesita muchas mas razones que el aburrimiento. Tal vez ninguna razón, pero en su caso, se sintió estúpida. Sin entender cómo, volvió los ojos a su matrimonio, y decidió que allí quería quedarse.
Alberto, por su parte, cuando ella en su discurso de hace unos meses habló de *cada uno por su lado*, inteligente o tontamente, aceptó tranquilo, aparentemente, las nuevas reglas de juego. Y cada noche le da un beso en la frente y duerme aparentemente sin problema o confusión, a su lado, en la misma cama, roncando, sin apenas moverse.
Los desencuentros parecen venir mas por diferencias de criterio en cuestiones políticas, comentarios frívolos sobre amigos, la situación económica, que por la intimidad. Eso se siente, se percibe, aunque no sean los amantes apasionados del pasado.
Martha sabe que es la responsable de que su matrimonio esté acabado. No es particularmente dada a la auto crítica. Pero le parece inútil ignorar estos meses tristes. Se siente insatisfecha y sola.
Se pregunta hoy si le es posible vivir con ese dolor angustioso en el pecho, porque todo va cayendo solo, todo alrededor. *Te estas haciendo vieja Martha*... Necesitas un cambio. Pero allí... Sin aventuras ni inventos desesperados.

prepara la cena y lo espera, sentada en la alta banqueta de la cocina con una copa de vino en la mano, deseando que la vea al entrar y se alegre, que sus preguntas y preocupaciones sean respondidas. Que se acerque por la espalda y la abrace como cuando empezó su romance, entre libros y canciones románticas.
Hace unos meses, así de la nada, Martha decidió tener un romance con un amigo de la adolescencia luego de un encuentro casual. Dos veces se vieron, pero *esta no soy yo* la llevó a terminar lo que no empezó. Una infidelidad necesita muchas mas razones que el aburrimiento. Tal vez ninguna razón, pero en su caso, se sintió estúpida. Sin entender cómo, volvió los ojos a su matrimonio, y decidió que allí quería quedarse.
Alberto, por su parte, cuando ella en su discurso de hace unos meses habló de *cada uno por su lado*, inteligente o tontamente, aceptó tranquilo, aparentemente, las nuevas reglas de juego. Y cada noche le da un beso en la frente y duerme aparentemente sin problema o confusión, a su lado, en la misma cama, roncando, sin apenas moverse.
Los desencuentros parecen venir mas por diferencias de criterio en cuestiones políticas, comentarios frívolos sobre amigos, la situación económica, que por la intimidad. Eso se siente, se percibe, aunque no sean los amantes apasionados del pasado.
Martha sabe que es la responsable de que su matrimonio esté acabado. No es particularmente dada a la auto crítica. Pero le parece inútil ignorar estos meses tristes. Se siente insatisfecha y sola.
Se pregunta hoy si le es posible vivir con ese dolor angustioso en el pecho, porque todo va cayendo solo, todo alrededor. *Te estas haciendo vieja Martha*... Necesitas un cambio. Pero allí... Sin aventuras ni inventos desesperados.
Y pretende que el cambio lo produzca Alberto, que sea él quien introduzca la mano en su sombrero -como un mago- y le diga que él lo mejorará todo, reparará los daños, reconstruirá los muros y techos de su amor, que llenará de pasión los cuerpos que empiezan a envejecer y *serán felices y comerán perdices*.
Se hizo tarde. Sin darse cuenta, va poco a poco inclinando el cuerpo hacia el sofá, y parece dormitar.
Ante
sí, tomada por sensaciones y emociones que creía extraviadas en la memoria, ratifica que ama a Alberto. "Me moriría si lo pierdo". sonríe con ternura, la palabra amor vuelve a su vocabulario cotidiano, como si en este período de silencios y espaldas enfrentadas, nada hubiese sucedido.
Empieza una voz en su mente a interrogarla, como si de un juicio se tratase y ella, la indiciada.
Empieza una voz en su mente a interrogarla, como si de un juicio se tratase y ella, la indiciada.
¿Contribuyó el carácter suyo, voraz , egoísta, en esta infelicidad de hoy? ¿ Acaso no fué usted quien propuso poner fin al matrimonio? Responda si nó fué usted quien dijo: ¿Cada uno por su lado?
Sacudiendo la cabeza para negar y eliminar cualquier espíritu agorero, Martha se dedica a preparar todo para la cena de la reconciliación.
El pasado se borra. Hoy quiero un re-comenzar sin rencor ni fisuras.
El pasado se borra. Hoy quiero un re-comenzar sin rencor ni fisuras.
Lleva
puesta una bata china de seda azul, y decide no cambiarse.
Lo
esperará en la terraza. Tiene que ser hoy... conversar y recomenzar...
-Ya veremos-
IngridYPA
Derechos Reservados ©️
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