Esta senda es difícil, aunque los peregrinos la siguen en cualquier época del año, no importando lluvia o sol inclemente. Guijarros entrometidos crean problemas y las suelas de los zapatos comienzan la inevitable batalla. Inconveniente menor, ante la grandiosidad del paisaje y la atmósfera de paz que se respira. No hay tiempo para quejas.
La naturaleza es la excusa hoy de Rigoberto, para soñar y recuperar la esperanza. Ésta, que se ha convertido en obsesión, es tal vez la respuesta a la árida vida que lleva en América.
A cada lado, en esta tarde luminosa, el verde lo abraza; no es la selva tropical que atacaba sus nervios, allá donde vivía; es un paisaje tranquilo, sutil. Se diría que dentro de su propia mirada, una luz pretende salir después de tantos años y le recuerda que esta aventura que soñaba en aquellas tardes de juegos en el jardín de la casa de su niñez,pareciera estarse haciendo realidad.
Años e infortunios pasados nublan su memoria. Las pérdidas, los abandonos… Mas este camino es otra cosa. Es principalmente un renacer. Y así va dedicando el tiempo, mientras en su lento andar rememora los afectos. Sus padres, el hijo que murió, la esposa que decidió irse - lejos o cerca, lo ignora-
Camina con cierta dificultad, las rodillas no responden como debieran, no es grato subir cuestas y enfrentar descensos. Solo cuando consigue riachuelos o hilos de agua, chapotea feliz. Pequeñas colinas parecen dedicarse a abrazarle aunque intente ignorarlas. Años atrás hubiese recorrido este camino cantando una melodía alegre, hoy no hay canciones. Está aquí para eso, para que las haya.
“Me lo propuse y aquí estoy”. Y a pesar de hablar en voz alta, solitario, dedica los minutos a poner en blanco la memoria . Prefirió hacer este recorrido así. En cada cruce con otros peregrinos, se llena con la algarabía de sus palabras y canciones pero es sólo un momento, después… nada mas.
Veinte años esperando señales, cambios, conductas de los otros que permitieran trastornarle un poco, sacarle de la rutina del feliz a medias, del inconforme a medias, del triste siempre, un pequeño torcimiento de los acontecimientos diarios, y es hoy cuando -corolario de una inspiración dulce- cae en cuenta que no debía buscar fuera lo que por dentro tenía muros,techo, puertas y ventanas cerradas herméticamente.
Esperaba que fuesen los otros los que hicieran algo por él. Y eso terminó por enfermarle.
Hace meses decidió hacer este camino, el Camino de Santiago. Ser un peregrino mas, acudir a Dios, pedirle una oportunidad…
Vendió hasta el alma, volvieron fuerzas y ganas. Las gestiones, inesperadamente livianas, y las palabras : Camino de Santiago, escritas en todas ellas. Y una leve esperanza: "Estoy vivo aún…”
En cada caminante que se cruza ha encontrado alegría. La frase "Buen Camino" es una bendición.
Algunas noches a cielo abierto, pide a Dios, "regrésame algo de alegría". Este viaje merece la insistencia y la fé.
Ese "Mas solo que nunca, mas triste que solo", va recibiendo, sin notarlo, día a día, toques pequeños de luz en el corazón.
Y a medida que avanza el Camino, la fé renace, va creciendo en sus cavilaciones y las quejas se van desvaneciendo, y encuentra a Dios, en susurros, en silencios.
“Buen Camino"... "Buen Camino"...
Treinta días...
Esa mañana, nublada y gris, la agotadora llegada a Santiago de Compostela, la barba recrecida y ojeras, luego de tantos y tantos días de caminata, todo queda en blanco, y al arrodillarse ante la figura del Santo Apóstol grita: "Nunca es tarde, ya lo veo. ¿Qué he hecho en estos años? Quejas sin razón... El alma escondida… ¡Qué duro es darme cuenta.
En este sitio mágico, rodeado del contacto humano por los cuatro costados, los abrazos, las lágrimas, la paz… se hace humano otra vez.
"De ahora en adelante no pido, daré, otorgaré, brindaré, me ofreceré... No se cómo. Aún puedo aprender.
Sí, yo aprendo, soy duro, pero aprendo."
Ingrid Parejo A.
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