Algunos pedazos de vida compartidos aqui...

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Escritora aficionada y apasionada por los libros. Todos los poemas, cuentos, reflexiones -y la mayoría de las imágenes- son de mi autoría. Derechos reservados. Se prohibe su distribución, copia, o cualquier tipo de transmisión. ¡Disfruten la lectura!

ELIGE DE MÍ

                                    

 Elige de mí,

           …tal vez la mirada

          o la sonrisa vivaz de este momento.

Invítame a tu vida....

 Deja que brote la escondida fuerza de tu alma.

Muestra la luz que llevas como escudo,

O el temor a caricias que presientes fugaces.          

 Quiero que me elijas sin presiones.

            Yo ya te elegí!

 Elige de mí,

           …la ternura, la imprudencia.

El brillar de miradas cuando estamos juntos.

Por eso pido con voz pequeña…

Invítame a tu vida...

 Muestra las penas que te agobian

O el amor que reservas 

             ¡Para tiempos mejores!…

Pido que me elijas convencido.

             ¡Yo ya te elegí!

 Elige de mí

           la sencillez, la exuberancia.

Olvida los temores…

Revolotean aquí los sueños de amor,

irreales y locos por falta de certezas.

Invítame a tu vida...

 Ese rostro iluminado,

fiel reflejo de lo que anhelas,

dará paso al sentimiento.

Por eso pido que me elijas

*enamorado*

             ¡Yo ya te elegí!

 Elige de mí

           El descreimiento o la alegría

Mas…  Invítame a tu vida...

 Los momentos fugaces.

Las alegrías modestas.

La compañía en soledad.

La amistad sin pruebas.

 Yo ya te elegí.

 

 

                                                                    IypA 03-03                             

 

           

 

 

QUERIDO AMOR DE LAS 1.150 TARDES


 

Amor de  1.150 tardes:

 

He mantenido durante tanto tiempo represadas las letras que pretendo estampar con este bolígrafo de trazo negro y firme y en este papel que acabo de comprar, por un solo motivo, escribirte, una hoja de color avejentado (perdona la metáfora), que los pensamientos  y recuerdos tantas veces sopesados y analizados, suspendidos en las profundidades, han subido y flotan sorteando las olas de este mar agitado que es mi mente, en una especie de reclamo, diría yo que de justicia, sobre todo desde que supe que moriste en sana paz, en tu casa, en tu cama, a avanzada edad, rodeado de los tuyos. 

Ese sector, déjame utilizar una palabra menos impersonal, esa etapa de mi vida en que me acompañaste como amor, un amor cuarenta-veinte,se desvanece aún a mi pesar en múltiples fragmentos de inquietud y remordimiento. Y temo que todo resulte en una ridícula y cursi narración de situaciones inconexas y vagas... Imagínate. ¡Tantos deseos, tantas frustraciones, tanto dolor para llegar a esto!

Sin embargo me atrevo, y atreviéndome dejaré parcialmente reivindicado tu recuerdo ante la única juez que posiblemente tengas y hayas tenido: yo.

Estrujo la memoria y tengo ahora mismo la sensación de que no estuviste tanto tiempo cerca, de que fuiste una desleída promesa.

Transcurridos los días, meses, años, he olvidado lo que entonces creí inolvidable, y de pronto viene este ejercicio testimonial que parece inútil. O eso me dirias.

Prefiero, por muchas razones, pero la principal es que estoy haciéndote un homenaje, ser condescendiente y pensar en ti como si fueses un alegre fantasma que aún mantiene su seducción y galanura inofensiva a la distancia de lo etéreo que es el pensamiento. La nostalgia permite el reconocimiento de cierta duda atravesada, aunque debo aceptar que es inútil la lucha, porque las lágrimas no me dejan escribir; estas lágrimas se esparcen por la superficie rugosa de la página,y hacen confusas alianzas entre memoria y  tiempo; ternura y olvido;  ironía y recuerdo. Cansancio y descreimiento.

Si el amor es subjetividad pura, de lo cual estoy bastante segura, creí haberte amado mejor. Y, en confidencia, nos unió la fuerza del ego. Luego vinieron, momentos gratos. Y finalmente, convencidos, el remordimiento y el arrepentimiento. Y vino el desafío mayor: dejar, abandonar, olvidar, desmitificar tu figura.

Contigo, experimenté la entrega, esa que ahoga y que creemos eterna. Mas el cansancio convence y como la canción, se desgasta por el ejercicio continuo y sin sentido de entregarse unilateralmente y sin condiciones.

No estoy segura realmente si el amor romántico -como el de las novelas inglesas de  finales del siglo XIX- alguna vez nos visitó. Hubiese deseado un amor imposible, contrariado, colmado de desencuentros. Eso justificaría estas letras, pues me temo que el recuento epistolar resultará vulgar, doméstico, corriente, y puede que te aburra.  

Desearía contar las hazañas gloriosas de un Quijote, así persiguiese doncellas en lugar de molinos o un caballero de armadura reluciente que en honor a su princesa, se inmola defendiendo su reino. Pero la nuestra, fue una historia más, de personas tercas, una relación mas bien carente de sentido. Principalmente, porque tu pusiste las condiciones desde el principio, y si yo quedaba en el terreno delimitado, si decía que si, todo sería un paraíso.    

Por ello hoy quisiera descubrir, utilizando los recursos que me permite esta carta, cuáles motivos propiciaron un encuentro tan dispar. Si intervino el destino; o si, de lo más incoherentes y cual creídos dioses del Olimpo de historieta, aceptamos retar a... no sé quien…

Fueron aquellos, tiempos de una extravagante puesta en escena de la más común y más corriente relación amorosa, donde la joven “ingenua,tonta” se enamora perdidamente de un  “maduro,inteligente,astuto” individuo, cuyo machismo, bautizado por mi desde el inicio como “cosmopolita-encantador”, sedujo irremediablemente a la muchacha que pretendía adueñarse del mundo por medio de la conquista de ese señor que, cual alucinación, se le presentó envuelto en una hechizante aura de poder y conocimientos en un lugar cualquiera, sin presentir, (por favor, sé condescendiente, recuerda que era ingenua), que la llevaría por la calle de la amargura y el sería feliz. Debes aceptar que es demasiado esfuerzo ese intento constante de demostrarle a ese hombre exitoso que ella puede merecerlo, que es capaz de llegar a la cima donde este caballero se encontraba, sobre todo por obra y gracia de la admiración. !Y vaya que me esforcé en todo!

No vi canas ni arrugas, sólo una sonrisa llena de promesas; acariciaba ese rostro en busca de respuestas, y te dejabas acariciar, y estoy segura que en esos momentos me querías. ¿Para qué aclarar, entonces? Eso responderias  a lo obvio.

Lo que pasa es que todo era más bonito para ti que para mí. En esos instantes eras la publicidad del egoísmo. 

Sería injusto sintetizar 1.150 tardes sólo con lo escrito, que seguramente encontrarás inapropiado y quejoso. Es verdad.  Por eso reafirmo que también hubo ternura, y momentos de cierta trascendencia. No te preocupes, lo reconoceré a pesar del terco empeño que pusiste en banalizar lo que llamabas *nuestro tiempo*.

¿Recuerdas cuando rechazabas por absurda la frase, el grito de guerra: “¡Es posible!”, que salía de mi boca cuando creía entrever el triunfo de un “nosotros” a pesar de las diferencias?

Al despedirme cada tarde, regresaba a casa ahogada, confusa, esperando que nadie estuviese, para que no descubriese el hilo por el que, si halaba un poquito nada más, encontraría una maciza y loca madeja tejida de vergüenza, ansiedad y felicidad.

Y así, encantador y sabio, te atravesabas en cada una de mis moléculas, sin ser precisamente el príncipe azul sobre un caballo blanco con el que soñaba despierta cuando niña. Escondiendo sensaciones, dudas y desconociendo los riesgos, pasé de puntillas, en pasos de ballet nunca aprendidos,  durante esas  1.150 tardes  de corazón en la boca.

Fue así como señalaste un camino para lo que seríamos. Esa ruta se convirtió en dos sendas paralelas tercas e inamovibles, que cuando tuviste el coraje de intentar unirlas, no se pudo, no pudiste, no quise yo… ¡Quien sabe!

Aquellas 1.150 tardes fueron una especie de acto equilibrista en una cuerda tendida en lo más alto, de manera valiente e irresponsable. Cada día, después de las tres, entraba yo en tu vida y salía a las ocho, puntual y obediente. Me sentía sabia. La sabiduría que tanto perseguí se mostraba poco, engañosa y cruel. Es que estaba a la distancia mas corta, la existente entre mi corazón y mi cabeza. La voz que dice: Pero ... ¿Que haces?

 Hoy entiendo que no necesitaba la exquisitez de tus frases rimbombantes. Que tu eras parte del proceso de crecer. Que sólo buscaba amor: sentirlo, recibirlo, poseerlo, regalarlo. Que debía continuar, dejar que pasaras, y que pasaran otros; reconocer mi esencia y decidir qué hacer, que decir, cuanto dar, y a quien; recoger los frutos, y aceptar las consecuencias. Madurar...

La fórmula se mostró esquiva en esas tardes y no entendía por qué ese amor no se presentaba seguro.

Lamento que estas palabras de despedida y homenaje hayan tornado el elogio en una tonta disertación en tono de reproche. No fue premeditado. Lo juro. Los malos recuerdos se lían con los buenos, como zarzas difíciles de separar de los arbustos. Es una consecuencia de esos 1.150 encuentros grabados indelebles en la experiencia que hoy puse en una tabla para sumar y multiplicar, y cuyo resultado trastocó en sustracción y división.

Descuida.  La grandilocuencia se acabó. Terminó. No tiene caso continuar hilando frases. Ya no estás, no puedes contestarme.

Queda por consiguiente sellado todo pensamiento.

Esta carta. Ya no la puedo enviar.

Recomiendan por ahí que deben cerrarse con candado y doble llave las puertas,  tan pronto situaciones y personas han salido por ellas. Dejar puertas abiertas dicen que permite que engañosas ideas salgan y entren, en irregular danza.  Dicen también que no es muy sano dejarlas deambular en la inmensidad de la mente. Tus recuerdos estuvieron perdidos por largo tiempo en un lugar alejado y borroso, y hoy salieron.  Regresarán a su lugar y pasaré cerrojo.

Descansa en paz, cómplice del sentimiento a destiempo.

Puedo recordarte cantando un bolero y hablando de fórmulas de éxito.

He buscado la frase correcta para terminar, y no la encuentro. Será un simple… adiós.

 

 

                                                                               IPA. Feb.2012

 

Nota: Esta carta es un ejercicio de redacción que hice para enviar a un concurso de cartas de amor. Enteramente ficcional. No tiene relación ni conmigo ni con nadie que conozca.

 

 

 

 

 

 

 

 

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