Algunos pedazos de vida compartidos aqui...

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Escritora aficionada y apasionada por los libros. Todos los poemas, cuentos, reflexiones -y la mayoría de las imágenes- son de mi autoría. Derechos reservados. Se prohibe su distribución, copia, o cualquier tipo de transmisión. ¡Disfruten la lectura!

ALBERTO Y MARTHA II


La pesada puerta de madera hace un ruido agudo al abrirse, enseña enseguida un pasillo grande con luminosos pisos de cerámica en un patrón de rombos grises en fondo blanco -importados de Italia, todo un lujo- que da paso a una hermosa y amplia sala, pisos viejos de madera , muebles grandes y pesados, escenario de reuniones con amigos al menos una vez por semana.  La decoración es utilitaria, cómodos sofás de tela cruda con muchos almohadones, mesas pequeñas por doquier, una alfombra beige oscuro de fibra natural. Alberto cuelga el abrigo en el armario que hace pocos días instaló en la entrada. Cada vez que abría la puerta se quedaba con el abrigo en la mano. Un día, se propuso ir a la tienda y sin ayuda, escogió algo simple, siete piezas de ensamble, dos puertas, un techo, un piso, dos anaqueles interiores y un tubo que armó sin problemas. Martha le dejó hacer, no quiso discusiones. Y ahora, ambas paredes del pasillo recrean la personalidad de cada uno: La de Alberto, el mueble prefabricado, y la de Martha, cuadros colgados a lo largo y ancho, de tamaños y materiales dispares.
Los amigos comentan que esa entrada a la casa es “muy ellos”, y así se cierra cualquier discrepancia.
Alberto hoy deja el maletín de cuero gastado en una silla y camina hacia la habitación con la intención de cambiarse de ropa. A su paso por la sala advierte la luz de las velas y se detiene curioso.
Adentrándose en el salón, observa a Martha dormida sobre la alfombra. El movimiento de las luces de las velas desperdigadas por todos lados, suavizan el rostro dulce e infantil de su esposa. Y repentinamente siente un escalofrío acompañado de un atisbo de ternura.
-Había olvidado lo bonita que es-
Duda si cargarla y llevarla a la cama. Temiendo despertarla, decide dejarla como está, y la arropa con una manta que encuentra en el sofá.
La mujer, al sentir el peso de la manta, despierta asustada.
-¿Estás bien?- Pregunta Alberto preocupado.
-Si, me quedé dormida-
-Es muy raro encontrarte así… (Pasándose la mano por el pelo, pensando si habrá olvidado de una fecha importante) ¿Qué día es hoy? ¿Por qué tantas velas? -
-Te esperaba-
Acercando su rostro al de ella, realmente preocupado, pregunta quedamente -¿Qué pasa Martha?-
-Bueno, es que quería hablarte. Nunca hay tiempo… -
-Estoy cansado, ha sido un día interminable… ¿Puede esperar a mañana? -
Totalmente espabilada, se levanta y camina por la terraza de un lado al otro,invadida de repente por la impaciencia, viendo a su marido plantarse con la cabeza gacha, mirándola de reojo. Es cuando Martha decide lanzarse al vacío, confesar sin adornos, y empieza a hablar un tanto atropellada...
-Debes suponer que esta atmósfera de velas encendidas… mira, tu pipa favorita en la mesita que te gusta, lista para encender ¿La viste? Mira, el cd de Frank Sinatra está en el equipo de música, muy bajita...Todo esto significa algo ¿No?
-Mira Martha -la ataja antes de que continúe- me cuesta descifrar tus simbologías en este momento. ¿Qué pasa? No me adornes el discurso.
-¿Por donde empiezo? … ¿Te puedes sentar en el sillón?… Es que… No podemos continuar así…
-¿Así cómo?-
-Así, así… cada quien por su lado, como si fuésemos extraños…
-¡Este “así” lo impusiste tu! ¡Pareces tener mala memoria para lo que te conviene querida amiga!. Tu dijiste aquel día de noviembre pasado, lo recuerdo perfectamente : “Mira Alberto (la imita en un tono ridiculizante) estoy un poco aburrida, no estoy satisfecha, son muchos años juntos pero te quiero. ¿Y si somos un matrimonio de esos que no tiene intimidad pero conviven y se entienden? Digamos que actuamos discretamente y salimos con otras personas de vez en cuando -sin faltarnos el respeto, claro- Y mientras decías esas locuras, no sabía donde esconderme, Martha, de tanto dolor y vergüenza que sentía en ese instante. Pero te dije: “Lo que tu quieras, yo siempre voy a estar aquí”.

Martha escucha y el peso de la culpa y esa vergüenza de que Alberto habla, se devuelve y la apunta certeramente, directa a su frente que empieza a doler: “¡Eres una loca, eres una egocéntrica, una  inmadura!”. Y continúa hablando, ya el torrente de improperios salió y la compuerta de la presa se ha roto:
-Ayer querías irte, o quedarte, o enamorarte de otro, o dedicarte a la siembra de vegetales, o actuar en el teatro, o convertirte en influencer... Hoy no quieres sino hablar de nosotros y pedirme una oportunidad ¡para ser feliz tú! ¿Te das cuenta? ¡Tú! Nunca se trata de mí, Alberto el comprensivo...

-No hables así, Alberto, se que tienes un amorío con una alumna de la universidad. ¡Y no quiero que esa infidelidad continúe! ¿Lo tienes claro? ¡Te quiero para mí,  como siempre!. En medio de la crisis de llanto, intenta explicar, reclamar, decidir, suplicar… ¿Cómo explicar que lo ama? Nunca se expresó de esta manera.  Pues hoy, ahora, el amor es la única salida posible.
 
-Esto me está matando. No quiero que estemos alejados. Quiero que me hables, que seas el de siempre, afectuoso, dulce, protector… Te extraño… Yo te quiero Alberto, ¡perdóname por favor!

Alberto, pálido, asombrado, triste, parpadea sin dar crédito a lo que oye e intenta examinar -desde su alma-  el alma de esa mujer que tiene enfrente, esa mujer que reclama, que le es desconocida, esa suplicante mujer con el maquillaje corrido, manchas negras y rojas en la cara, repentinamente envejecida que llora desconsolada. - Martha es feliz, es libre, es fuerte...-

-¡Dios! ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué hemos hecho de nuestras vidas para que todo se haya convertido en esta farsa? Una vulgaridad de relación, un matrimonio infeliz y ridículo… Soy un viejo verde patético. Así me haces sentir.

Alberto se sienta finalmente frente a Martha, la mira, toma sus manos con lástima, las acaricia tiernamente y se levanta,  figura encorvada, mientras ella llora quedamente.
 
Alberto, el mundo sobre los hombros, decide que es suficiente, que no quiere mas de esto, como se llame esto que pasa.

Martha, tirada de cualquier modo sobre la alfombra que compraran en uno de sus viajes felices, recibe la cruel bofetada del desamor...

Alberto entrecierra los ojos, camina por la plaza adornada de luces, y sueña que acaricia la tersa cara de su nuevo y secreto joven amor...




INGRIDYPA
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