Algunos pedazos de vida compartidos aqui...

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Escritora aficionada y apasionada por los libros. Todos los poemas, cuentos, reflexiones -y la mayoría de las imágenes- son de mi autoría. Derechos reservados. Se prohibe su distribución, copia, o cualquier tipo de transmisión. ¡Disfruten la lectura!

UN CUENTO DE HADAS Y UN FINAL INCIERTO

 I

Termina de leer el cuento -el mismo, el de siempre- e intenta levantarse de la cama, recuerda repentinamente  que aún no ha dado al niño el beso de buenas noches, y se inclina hacia él , abrazándole muy fuerte y estampa un beso sonoro en su frente. -Michel, hijito amado, duerme bien, que tu ángel de la guarda te acompañe siempre-

Camina lentamente, arrastrando los pies, hacia la puerta que deja entornada. El cansancio se apodera de todo, pensamientos y cuerpo, y decide ir directamente a dormir también, sin encender la tv o revisar sus correos en el teléfono.

Ya hace un rato ha hecho lo mismo con Martina, 12 años de energía e inteligencia, pero aún necesitada de que mami le lea el cuento preferido, la abrace, la consienta un ratito. Ha comentado con ella sobre un nuevo baile, le ha explicado por qué no puede pintarse aún la boca y han reído por cualquier necedad. La niña se pregunta el por qué de la demora en regresar de su papá, y ambas rezan por su pronto retorno. La excusa para tal ausencia es la pandemia del covid y ella lo entiende. Así, un tanto pensativas, se dan las buenas noches, con un "hasta mañana" descuidado.

Estos tiempos son duros, confusos para ella. Desde que su esposo tuvo el infortunio de quedarse varado en Roma, durante ese viaje de trabajo, ha tenido que enfrentar todo al mismo tiempo, llevar el hogar, los niños, los gastos, el trabajo por internet... sola. Han sido unos meses demandantes. Carlo ha estado fuera, ya medio año.

En un instante de reflexión en medio del caos, tomando la tercera taza de café, recibe la llamada de su esposo. Inesperadamente, ha confesado la verdadera historia: Fue a Italia por trabajo, cierto, pero no viajó ni ha estado solo; esa chica, Mati, la asistente del departamento de promociones ha estado todo ese tiempo con él. Y lo mas loco en todo ese discurso: Carlo ha confesado que se ha enamorado perdidamente de la tal Mati. Dice que aprovechó estos meses que ha estado forzosamente en Italia en razón de la pandemia, para convivir con la chica y ver que tal les iba como pareja.  

Carlo fue cruel, muy cruel, insensible, egoísta, traidor. Piensa atropelladamente la mujer; su furia va aumentando en la medida que analiza su discurso. Coloca cada palabra en su lugar y todo se torna aún mas incoherente. Mas, el rompecabezas se va armando. Carlo se expresó pausadamente, fue breve, demasiado tranquilo.  Habló con sinceridad, o así le pareció; pero lo que no entiende Amalia es cómo ha permanecido ofensivamente calmado mientras explicaba todo. Llegó a preguntar casualmente por los niños, que les dijera que le hacen falta y añadiendo que la situación le ha sobrepasado, y que aún no sabe qué hacer...

Amalia ve y oye, pero no ve ni oye. Un dolor atraviesa de la cabeza a los pies su frágil cuerpo y de momento le impide identificar otras sensaciones. 

Carlo dijo que quiere volver a casa, hablar, definir  -¡qué simple y egoísta!-   Amalia no entiende, es un discurso que se repite dentro del discurso: lamenta de verdad herirla, pero tiene que ir con la verdad antes que nada. Le asegura que velará por los niños, que no pondrá problemas en relación a lo material. Y el adorno final: Que la quiere y desea lo mejor para ella…

¿Y si lo mejor para mi eres tu? -susurró Amalia.
-No soy lo mejor para ti. Tu eres demasiado valiosa. Y me siento muy mal por lo que estoy haciendo, porque eres muy buena, pero creo que debo pensar también en mí, ser un poco egoísta. Tu vas a estar bien, eres una mujer fuerte... 
Pero cariño, que esto no te mortifique, regreso en unos días a casa, te explicaré. Ya hablaremos- Nada mas... 

Amalia no hizo ningún comentario. No pronunció palabra. Fue una noticia inesperada.  Nada que añadir a tamaña locura.

Como latigazos, estas palabras laceraron su corazón. Inusitadamente, es una mujer no deseada, abandonada… y muy buena y valiosa. ¡Menuda combinación! -Ha podido decir que ya no me soporta, ¡parecería mas creíble!-

Han transcurrido cuarenta y ocho horas indefinibles e interminables en la vida de esta mujer, hasta hace cuarenta y ocho horas la genuina esposa-dedicada-feliz.

Incertidumbre es hoy la palabra de moda para ella.

Llega la noche -bendita la noche que  la acoge, oscura, para olvidar- se sienta en la cama ante la mesita del lado de Carlo, abre la gaveta y encuentra sus tesoros: fotos familiares, una vieja cámara, una brújula, la linterna pequeña que ella le regaló aquel cumpleaños, libretas usadas, cargadores del móvil, un libro sobre la felicidad, uno de esos de auto ayuda de edición barata. Y se enciende el foco de la idea genial sobre su cabeza, como en los dibujos animados. Busca una bolsa plástica y lanza allí todo el contenido. Le hace un nudo fuerte y se dirige directamente al contenedor de basura de la calle. Una ceremonia, un himno de despedida, un minuto de silencio... Unas lágrimas…

Ya en la cama, Amalia parece dedicar su energía a lograr el sueño, deslizando una petición "Dios, que sea capaz de afrontar todo esto".

Luego del insomnio, la memoria recupera protagonismo en las tempranas horas del día, y a enviar intermitentes señales. Retomando espacios, medidas, formas, encontrando el vacío en una casa llena, sentimientos complejos que requieren reparación y mejoras como los vehículos viejos.

-No tienes lado de la cama, no tienes nada en la mesita, no existes mas aquí. Ya mañana veremos que hacemos con la ropa y todo lo que te pertenezca. Esta casa se vaciará de ti... Vaciaré la memoria... No tienes hogar...

Dicen que hay instantes de locura que aparecen de repente y así como llegan se van. Hasta la persona mas sensata y lúcida puede tener momentos en que es capaz de todo. Amalia, arrepentida, agradece hoy a Dios que sólo ha tirado objetos sin valor material. Ya el huracán de la rabia se disipó.  Estos gestos son inútiles. La resaca es pesada luego. Pero también intuye, que desechar esas cosas, fue un acto cargado de simbolismo: destruir lo vivido y empezar a olvidar. Así de fácil y sencillo cree Amalia que son o van a ser las cosas.

No ha pasado por su mente ni por un segundo la reconciliación como una opción en esta historia atropellada. Curioso bloqueo. Y se pregunta si para este matrimonio que ella creía sólida y feliz, todo había acabado mucho antes sin saberlo.  La modorra engañosa de la rutina los mantenía unidos tal vez.

II

Ha pasado un mes. Carlo ha regresado.  Una cita en un café. Unas rosas rojas.  Un -te quiero, Amalia, mi vida, perdona todos mis errores- Un beso apasionado que la sorprende.

Ella pareciera escuchar atentamente, pero escudriña el rostro conocido: Unas cuantas arrugas nuevas en la frente. Unas ojeras que entristecen el iris verde de unos ojos alegres. Luego mira sus manos, los dedos largos, inquietos. Busca el anillo de bodas, no lo lleva puesto. Está delgado, se ve muy bien así... Sigue recorriéndolo,  hasta fijarse en los zapatos deportivos, coloridos y modernos. Y allí se queda la mirada, en el piso y los zapatos. Resulta mas fácil. Escuchar solamente la voz tantas veces anhelada durante este último mes y alrededor, sólo niebla.

"Ustedes son lo que mas quiero, tu, los niños, nuestra hermosa familia que estuve a punto de perder  -Carlo llora y abraza fuerte a su esposa- Fue una locura de mi parte cometer tantos errores juntos, fallar tan terriblemente. Equivocarme. Estaba ciego. Lo sé. Amalia, estoy dispuesto a reconquistarte. Me arrodillo si es necesario y te prometo que seguiremos juntos toda la vida... Lo siento tanto, tanto..."

Amalia, contra todo pronóstico personal -a pesar de la rabia, de la desconfianza, abraza a su vez fuertemente a Carlo y decide perdonar. Puede ser éste un error -se dice- si lo hizo una vez, puede volver a engañarme. Es posible. Pero no estoy dispuesta a afrontar la vida sin Carlo. La soledad me ha golpeado, me ha herido, mucho más que una traición aislada... Y los niños...

La esposa besa, recibe, abraza y olvida por ahora.

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