-I-
Ayer, mientras tomaba un café en el negocio de Fortuna, me sentí abrumada. Tantos pensamientos que me vinieron … Todo de manera inusitada...Ideas superpuestas y vívidas. Busqué en el cerebro alguna reserva de coherencia, de tranquilidad. Respiré hondo -aspira, expira, aspira, expira-mucho rato. No había sentido un ataque de pánico, que yo supiera, pero enseguida pensé que era eso. Miraba sin leer un libro de poemas que me habían regalado hace un tiempo y que está en mi bolso como habitante cotidiano. Expira, aspira, expira... Me sentí sola. Un sentimiento de horfandad extraño...
Recordaba cosas de mi niñez, los miedos, la exigencia. Ahora mismo sentí el abrazo de mis padres. Diciéndome cuánto me quieren.Tenía mucho tiempo sin recordarlos, ¡Uf! la falta que me hacen...
La época de la universidad. Esa rebeldía tonta e infantil. Me enamoré de un profesor de otra facultad. Una pasión sin lógica. Ir y venir, la lucha contra todos. Y el profesor, feliz. Decía que me amaba, se separó de su mujer y a pesar de tantos esfuerzos de mi parte, eso no funcionó , estaba destinado a no ser, una locura... El regresó a su casa, tranquilamente. Unos meses se mantuvo ese sinsentido. Y todo, a la vista de todos. Era la comidilla entre los estudiantes. Fuí la víctima adecuada. Rumores y rechazos parecían crecer en las aulas de clase. Muchos de mis amigos pusieron distancia. Lo mas complicado fué la indefensión, la sensación de ahogo. Hice muchos esfuerzos para estudiar, para continuar, a pesar de todo. Pero no pude. Me retiré.
Acosada a preguntas por mis padres, decidí buscar un trabajo que me permitiera huir del cerco familiar, y así lo hice. Época de soledad y depresión. Un pedido de auxilio de la niña fea e insegura que había sido y la mujer que maduró de golpe sin demasiadas ambiciones, deseando solo estar tranquila.
Fue lo que dijeron de mí, las habladurías, las burlas, los que me hicieron jurar que nunca haría nada que pudiera comprometer nuevamente mi paz, ahora delicadamente fabricada con costura imperfecta y sostenida por una inestable maraña de invisibilidad.
¿A qué vienen tantos recuerdos? ¿Por qué ahora si todo es tan simple y normal? Soy hoy en día una mujer estable y segura.
Fortuna vino, se sentó en mi mesa y logró el milagro de interrumpir los recuerdos. Repitió el chiste de siempre: que en realidad se llama Fortunata, que sus padres son italianos y muy optimistas, que es afortunada en todo, gracias a sus padres. Después comenta -¡Ah! ¡pero eso ya te lo he contado!-
Sonreímos. Fortuna es simpática y abierta, se hace amiguísima enseguida de los que van a su café y de la nada puede iniciar una larga conversación, sin importarle el hecho de que esté repitiendo alguna anécdota por enésima vez.
El café es un local pequeño que ha decorado con un estilo de “onda retro”, algo que pretende ser de los años sesenta o setenta, creo, ella dice que es un homenaje a la época de los “hippies”. Las diez mesas están pintadas -sin mucho detalle- en colores vivos, un amarillo que pega en la vista, por ejemplo, o el rojo escarlata, mas escarlata de todos, con flores también multicolores. Es curioso que a pesar de este gusto decorativo entre cursi y desprolijo, llame tanto la atención, y se llene todas las tardes, de bohemios, de ejecutivos que salen de sus trabajos, de traje y corbata, de parejas, alguna que otra familia...
En este barrio hay edificios de oficinas y calles ruidosas y mucho tráfico. Se ha puesto de moda. Y aparecen nuevos restaurantes y cafés. Hace poco no era sí.
Me gusta pasar por aquí regularmente, aunque sea solo para saludar a mi amiga.
Tenía cerca de una hora conversando con Fortuna y llegamos al tema recurrente de la situación del mundo, la violencia, y llegó el momento -que yo llamo el “dolor de cabeza”-, en que lo único que quiero es irme a casa. Apuré el café frío y salí hacia una noche que comienza en medio de nubes naranjas y una tímida y opaca luna.
Fortuna pareció ignorar mi despedida, fijó su mirada hacia el fondo del café donde queda la pequeña cocina y se fué gritando algo al empleado de la caja.
Mientras caminaba, pude forzar la mente y recordar lo sucedido hacía apenas unos días en mi trabajo. Que tal vez sea la causa de la avalancha que cayó hoy en mi cabeza.
De algún modo, después de lo que experimenté en la universidad con la 'relación' -así la llamaba- me había sentido ajena a esas conversaciones de pasillo.
Creo que el éxito de una persona desencadena a su alrededor toda clase de bajos sentimientos, envidias y celos. Si eres común y corriente, no tienes por qué preocuparte, pasarás desapercibido. Quienes tienen una vida privilegiada, o son especialmente agraciados física o mentalmente, provocan reacciones de curiosidad y admiración, mas también - y esa ha sido mi teoría- en la mayoría de las personas, despierta negatividad. Se percibe, no es fácilmente detectable. ¿Esa facilidad que tienen algunos de lanzar, como sin darse cuenta, opiniones y juicios sobre vidas ajenas no afecta a los que son objeto de esos chismes? Sí que lo hace. Acaba con personas talentosas... Yo fuí osada, me atreví a enamorarme de un hombre mayor, casado y para mayor karma mi profesor... Bueno, tenía todos los ingredientes para ser la mas afectada. Y lo fuí.
Quienes son objeto de habladurías, de burlas, que asumen una actitud -no se si admirable o medio tonta- desafiante, ¿Realmente les importa un bledo? Fortuna me diría que son unos valientes. Yo no estoy tan segura. Ella misma, sin decirlo, lucha contra un cuerpo voluminoso y los comentarios sobre su figura. Va y viene, indiferente a miradas o sonrisas irónicas en el angosto reino que es el café, como una poderosa alteza real de abultado vientre, sonriendo y haciendo chistes por todo, y en instantes así, pienso “si no es feliz, pues lo parece…”
Camino a casa -es una noche especialmente clara y agradable- cansada y ansiosa de tumbarme en la enorme cama. Decido que mañana mismo comienzo a escribir una historia sobre una chica. Quiero contar sobre Natalia.
-II-
Natalia es una joven delgada, pequeña de estatura, tendrá unos 25 años. No creo que llene los estándares de belleza que imponen los que mandan en estos temas, los estilistas de la moda; mas yo creo que es bonita y elegante. Al ver su cara, puedes percibir dulzura y a la vez, la picardía de quien se hace la inocente y que no lo es tanto. Me llama la atención que siempre anda con los labios pintados de rojo y sus rasgados ojos oscuros apenas los maquilla. Cada vez que nos cruzamos en la oficina, saluda con gesto atento y alegre batiendo la mano como si cargara un abanico. Saluda siempre, incluso cuando voy distraída, escucho un “¡hola! ¿Cómo estás?” entusiasta. No somos amigas, pero siento que podría pedirle un favor y lo haría encantada de la vida.
Natalia no parece dejarse llevar por la moda porque aunque viste jeans muy pegados, usa camisas y chaquetas un poco grandes y clásicas. Lleva zapatos de tacón alto, siempre. El pelo, largo. Se hace una media cola abultando la parte de arriba como si fuese una pequeña montaña sobre la cabeza.
Natalia es bonita…
Y no puedo evitar la comparación, soy un desastre, me arreglo poco, y eso de ir de compras, me aburre. No me gusta lo que veo en el espejo cada mañana.
-III-
* -Esa muchacha, ¿cómo es que le dicen? Nati, es una “acompañante”. Cuando sale del trabajo, se va a ejercer su verdadera profesión”
-¿Cómo es eso, tu?
-Pues compa, ¡una puta de lujo!-
No reconocía voces, todos hablaban al mismo tiempo.
- Uyyy ¡Qué horror! ¡Y la cara de yo no fuí que pone !
- ¡Ah! ¡Ya! Por eso es que se viste con ropa elegante y de marca. Es es un poco rara ¿no?-
-Pero ¿Y eso qué tiene que ver? Ella trabaja aquí. Gastará su sueldo como quiere -
-Pero eso no alcanza, ¿A ti te alcanza?-
-Ayer la trajo un chofer en un vehículo que, ¡ufff lujosísimo! *
Yo escuchaba un tanto paralizada...
Realmente , me enojé y quise gritar y enfrentarles ¿Quienes son ellos para juzgar así a alguien? Quería decirles de todo. Gradualmente, y luego de 5 minutos de respiración inhala-exhala-inhala y de tomar dos vasos de agua, logré calmarme. ¡Bueno, allá ellos ! No voy a complicarme la vida entrometiéndome en vidas ajenas.
Desde ese día, cuando entro a la oficina, imagino que el salón es un quiosco improvisado de feria, frente al cual se van turnando personas para jugar el juego ese de lanzar una pelota directo a la cabeza de muñecos que son puestos sobre resortes, y si tumbas alguno, ganas un premio. Bueno, pero a la cabeza de Natalia. Ella es el monigote de turno. La imaginación hace un guiño a la imagen pero esta maledicencia no es juego. Pero lo dejé así. Intento no meterme en nada, y continuar trabajando sin que nada me afecte.
-IV-
Debo acotar que soy secretaria en una empresa y pretendo ser eficiente. No me gusta destacar, ya lo he dicho. Estoy en los cuarenta. Tengo novio. No soy bonita, mas bien común y corriente. Me hago preguntas, busco respuestas, pero eso sí, prefiero no ser protagonista de nada. Mi novio, Juan, es divorciado y tiene dos niñas. No es fácil para ambos compaginar sus responsabilidades paternas con nuestra relación, pero hemos llegado a acuerdos acerca de lo que esperamos, al menos por el momento. Es un noviazgo tranquilo y maduro. Creo yo...
No exijo demasiado, me siento satisfecha con lo que tenemos, y espero -eso sí- casarme algún día, porque confieso que últimamente me ha atacado la prisa. Debe ser eso del reloj biológico del que tanto hablan algunas y que al parecer ya pasó en mi caso.
No tengo muchas amigas. Es un área difícil y árida en mi vida e ignoro por qué. Fortuna es la que puede ubicarse en un lugar intermedio. Con ella soy cercana y le cuento cosas. Pero siempre hay límites. Me pregunto si una chica como Natalia puede ser una buena amiga. Creo que la admiro, creo que resume lo que no soy, y aunque yo sea un poquito mayor, me lleva un buen trecho en actitud y desparpajo. El haber escuchado tantas barbaridades que hablan de ella, me ha decidido a mostrarme solidaria con ella.
No ha sido fácil conversar, generalmente Natalia está apurada, o tiene que salir, o yo voy saliendo y tengo mucho que hacer.
Mas por insistencia mía, que por otra razón, hemos tenido momentos en que coincidimos y me ha contado que tiene novio. Que él es adinerado y quiere casarse, pero ella desea que todo vaya con lentitud. La abruma con regalos. Que ha sido complicado. Que ella lo quiere pero se siente aún muy joven para casarse. Y así van, me dice, poco a poco. Que sabe que en la oficina la critican, pero que no va a permitir que eso le afecte, que ella mira mas allá, a lo que verdaderamente vale la pena, y eso es superarse como profesional. Su discurso es sencillo y nada vano. Ahí es cuando te das cuenta de que lo que los demás ven en la superficie, no es lo que esa persona es. La maledicencia es ignorante pero tiene mucha imaginación.
-V-
Semanas mas tarde me encontré con los chismosos. Estaban conversando animadamente. Saludé y solo dije, impulsiva y en voz alta: “La verdad, ustedes son un grupo muy peligroso, ay de quien caiga en sus chismorreos. Generalmente, gente como ustedes, no tienen una vida, y si la tienen, es muy triste. Por eso todo lo critican.”
Sonrojada y con el latido del corazón en la sien, salí de la sala, la cabeza levantada mirando al techo imaginando que dejaba a un grupo mudo y ofendido. “Entré en la lista negra”, me dije. Sentía la garganta seca. Pero luego, sentí un poder que no creí tener jamás. ¡Hablé! ¡La defendí! A mi amiga …
Sólo días mas tarde me tocó a mí el premio mayor en la rifa de pocos números! Pasé a ser la protagonista de las charlas de pasillo de la oficina. Dejaron en paz a Natalia y se enfocaron en mi. ¡Una en lugar de la otra! .
Soy poseedora del premio a “esa mujer es una perdedora, una poquita cosa”…
Frente a una taza de café, en el negocio de Fortuna, sonrío recordando todo, pues para mi sorpresa, descubro el poder de quien es envidiado u odiado. ¡Protagonismo!. Seguramente en los corrillos de la oficina, hacen figuritas como las de papel, recortándolas, con mi reputación y mi vida cada vez que se reúnen. Se ocupan de mí… ¡Soy un tema de conversación! Es un juego macabro que juego sin querer. Ignoro, y no soy ignorada. Esta vez los comentarios negativos no me afectan. Desconozco el por qué.
He ido a casa de Natalia, y ella ha ido a la mía. Juan también aprecia esas reuniones de amigos con ella y su novio. Somos los de siempre, anónimos en lo inmediato, en la acelerada y virtual vida de hoy en día, pero con momentos de algo que se puede llamar amistad.
Nos parecemos mi amiga y yo: Hemos dejado de hacer preguntas. Porque no nos importan las respuestas.
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